
Dinamarca en verano parece un país de cuento de hadas, con calles atestadas de gente, hermosos edificios de materiales coloridos y la música en las calles principales de los artistas callejeros que se ganan la vida atrayendo al público para contar sus historias y jugar con sus melodías.
Pero en invierno la situación es otra. Una tarea tan sencilla y habitual como tomar el tren que une Aarhus y Copenhague, un paseo hermoso durante los meses cálidos, nos deja una sensación sombría si decidimos llevar a cabo la travesía uno de esos días nublados tan típicos en el invierno danés.
El cielo plomizo y la belleza fría de Dinamarca se convierten en una atracción distinta, pero no por eso menos intrigante.
Los paisajes de este trayecto son verdaderamente hermosos, aún cuando la oscuridad y el frío de un día sin sol nos permitan un espacio para la tristeza o la melancolía. En el trayecto por tren que une Aarhus y Copenhague encontraremos varias casas con jardines diminutos, pequeños poblados rurales que nos invitan a conocerlos cuando el brillo del sol vuelva a ofrecer verdes pastos y coloridas flores.
Pero en invierno parece un poco atemorizante. De todas maneras, para los amantes de la soledad y los viajes tranquilos y reflexivos, nada como un día nublado en los trenes daneses.
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