
Bertel Thorvaldsen y las mujeres
Uno de los aspectos más resonantes de la vida de Bertel Thorvaldsen, y en muchos casos también motor para su inspiración y sus magníficas obras, tiene que ver con las mujeres.
Los registros de sus aventuras amorosas son de lo más notables, en particular debido a su gusto por las mujeres casadas, y en este apartado haremos una parada para hablar de algunas de sus aventuras.
Su principal benefactor, el arqueólogo danés Georg Zoëga fue víctima del amor de Thorvaldsen por lo prohibido. La esposa de Zoëga fue una de las tantas mujeres que el escultor supo amar, así como la sirvienta de la misma, Anna Maria Magnani, quién también tenía esposo.
Por más de treinta años llevarían adelante este juego galante, hasta que Magnani finalmente dejo a su esposo e hijos para tener una vida junto al escultor.
De todas maneras, la relación siguió siendo tumultuosa. Con momentos en los que Thorvaldsen simplemente desaparecía por días, dejando a Anna Maria al cuidado de sus niños.
Al regresar a Dinamarca, en 1804, Bertel ya no estaba junto a Anna Maria Magnani.
La vida artística de Thorvaldsen era igual de pasional. Dicen que, al lado de su cama, tenía una rueda preparada y yeso. Así, cuando se sentía súbitamente inspirado por las noches las ideas no escaparían.
Entre las obras más recordadas del artista destacan su representación de Jason, el mítico héroe griego, y la estatua de Cristo y los doce Apóstoles que adornan las alcobas de la Iglesia de Nuestra Señora.
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