
La Guerra de los Treinta Años
Este conflicto, que sucedió entre 1618 y 1648, fue principalmente religioso e involucró a los partidarios de la reforma protestante y la contrarreforma. En un principio se desarrolló dentro del seno del Sacro Imperio Romano Germánico pero pronto se expandió por las tierras de las diferentes potencias europeas.
Finalmente el conflicto tomo tintes políticos y la gran cantidad de países involucrados denotó que había causas subyacentes, y de esa manera el equilibrio político de Europa estuvo esperando una nueva organización.
Finalizó con la firma de la Paz de Westfalia y la Paz de los Pirineos, y marco el punto culminante de un conflicto que vendría luego entre Francia y los territorios de los Habsburgo (Imperio Español, Sacro Imperio Romano Germánico) por la hegemonía en Europa.
Dinamarca participó en el conflicto principalmente debido a los intereses económicos que tenía con relación a los estados germánicos del norte, rodeando el mar Báltico.
La intervención danesa en el conflicto tuvo gran importancia entre los años 1625 y 1629, con el rey Cristián IV de Dinamarca a la cabeza, un luterano ferviente, quién encabezaría un ejército de mercenarios para atacar al Sacro Imperio.
Sin embargo la derrota en la batalla de Lutter, en 1626, sería el detonante de la pérdida de Dinamarca de la condición de potencia económica y militar. Hablaremos en detalle de esta batalla en nuestra próxima entrada, teniendo a la guerra de los 30 años como contexto político.
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